Marrakech con niños: ¿y por qué no?

Muchas personas tienen reparos en viajar a Marruecos con niños, pero descubrir Marrakech en familia puede convertirse en una extraordinaria experiencia. Es una preciosa ciudad, ideal para asomarse a la cultura marroquí. Un lugar mágico y lleno de encanto, con gente hospitalaria y una comida riquísima. ¡El sitio perfecto para hacer una escapada de fin de semana!

Las dudas acerca de ir a Marrakech con niños quizá vengan dadas porque Marruecos es un país con una idiosincrasia muy particular. Pero… ¿no es eso lo bonito de un viaje? ¿No es emocionante ver una cultura diferente, una arquitectura distinta, otro lenguaje, otra religión y tradiciones diferentes a las tuyas?

Siempre he viajado con mis hijos desde que nacieron. Pienso que cualquier niño no necesita más que la buena disposición de sus padres para encontrarse cómodo allá donde esté. No se trata de dejar atrás la prudencia, sino de ponerla por delante de cualquier decisión en el transcurso del viaje. Ir con ellos a Marrakech fue, sobre todo, muy divertido.

Un pueblo respetuoso

Para quien tenga dudas, hay que decir que el pueblo marroquí es muy respetuoso con los niños. En todo momento los marroquíes intentaron que mis hijos se sintieran cómodos. Tuvieron paciencia, se dirigieron a ellos sonrientes e hicieron que todos viviéramos una bonita experiencia, tanto en nuestro hotel, como en los restaurantes, en las tiendas o en la calle.

Es cierto que son muy insistentes y a veces ven al turista como un dólar con patas, deseoso de que te sientes en su puesto de comida, que les contrates como guía o que pases a echar un vistazo a su tienda. Pero nada que no se pueda arreglar con una sonrisa y un “no, gracias”.

Nada más llegar, el barullo de la ciudad es lo que más llama la atención. Algo tan sencillo como salir de la Medina para dirigirte a pie hasta la plaza de Jemaa el Fna puede convertirse en un pequeño caos por el tráfico que vamos a encontrar. Cientos de coches, motos, bicicletas y carros discurren en un flujo sin fin, haciendo que cruzar la calle se convierta en una pequeña odisea ante la poca utilidad que allí tienen semáforos y pasos de peatones. Como debíamos parecer de lo más novatos en la tarea de llegar hasta la otra acera en algunas ocasiones fueron los propios viandantes los que se ofrecieron a ayudarnos, llegando incluso a parar la circulación para que pudiéramos cruzar la calle sin problemas, lo que dice mucho de su carácter deseoso de agradar al visitante con niños.

En otra ocasión, un conductor de calesa se ofreció a llevarnos y tal fue su insistencia que terminamos subidos al carro. Los dos niños más pequeños delante, a su lado, viendo cómo dominaba a los caballos. En un trayecto de no más de quince minutos ya se habían hecho amigos e iban cantando canciones, tanto marroquíes como en castellano, cuando ninguno hablaba el otro idioma. Anécdotas como ésta son las que llenan un viaje de recuerdos.

Jemaa el Fna

Lugar de encuentro de las tribus bereberes y personajes de toda condición, el auténtico espíritu de Marrakech se da cita en la plaza de Jemaa el Fna, muy cerca de la mezquita Kutubia. Esta plaza, a la caída de la tarde, es lo más cercano a un cuento de reminiscencias orientales que puedas encontrar en todo el planeta.

Es casi imposible describir con palabras el bullicio y la vitalidad de la plaza, y la variedad de personas y actividades que se dan cita allí cuando Marrakech queda entre sombras. Aguadores, puestos de zumo, acróbatas, músicos, cuenta cuentos, bailarines, dentistas, boxeadores, tragadores de fuego y encantadores de serpientes. Todos están allí, haciendo de esta plaza el centro del universo. Si giras la vista un poco ya encuentras otro espectáculo diferente. Un gran poliedro de experiencias, en la que cada cara es diferente a la anterior y trata desesperadamente de atrapar tu atención.

Los puestos de comida son tan rudimentarios como las artes de quienes buscan que te sientes justo en el suyo y no en el contiguo. Con chascarrillos dichos en un casi perfecto castellano, se agarran a cualquier atisbo de sonrisa y si te ven dudar ya estás perdido. En menos de diez segundos estarás sentado en una mesa con un plato y una servilleta, pensando qué tomar entre la humareda de los puestos ambulantes.

Si no quieres cenar en esta zona puedes optar por un típico té a la menta y acompañarlo de deliciosos frutos secos, dátiles o dulces marroquíes. ¡Hay tanta variedad que el verdadero problema es elegir! Sea cual sea la forma que elijas de pasar tus horas en la plaza, no dejes de pasar por allí a la caída del sol. El espectáculo que verás lo recordarás de por vida.

Lugares para no perderse

El zoco es otro de los lugares que no pueden faltar en una visita a Marrakech. Un laberinto de calles llenas de puestos, con mercaderes como recién salidos de la ruta de la seda y mujeres que andan sin prisas, charlando con quien se encuentran. Imposible resistirse a las compras en medio del caos. Nosotros todavía conservamos babuchas de diferentes colores, un cuadro que nos recuerda las típicas casas de la ciudad, amuletos varios y cajas de madera artesanales donde guardar secretos.

Una de las cosas más divertidas para los niños es regatear. Explícales cómo se hace y deja que regateen con los comerciantes cuando vayas a comprar algo no demasiado caro. Cuando lleguen a un acuerdo con un apretón de manos se sentirán muy orgullosos del precio conseguido, aunque tú estés convencida de que el comerciante ha quedado aún más contento que ellos.

El zoco es toda una experiencia visual y olfativa. Tienes la sensación de que el tiempo se ha detenido y las relaciones interpersonales han vuelto a tomar la importancia que han perdido en las grandes ciudades occidentales.

Si los niños son algo más mayores también te recomiendo una visita a la Medersa Ben Youssef, un lugar absolutamente encantador y con una magnífica arquitectura donde se mezcla el mármol, la madera y los mosaicos. En esta madraza o escuela teológica, con 120 celdas y capacidad para 900 estudiantes, tus hijos podrán llevarse de recuerdo su nombre escrito en árabe.

También pasamos una mañana estupenda en los jardines Majorelle, paseando entre las palmeras, bambú y cactus que le sirvieron al pintor francés Jacques Majorelle de inspiración antes de que la propiedad pasara a manos de Yves Saint Laurent. Impresionante colorido y un bonito museo de arte islámico.

Comer y dormir

¿Te preocupa qué van a comer tus hijos en Marrakech? Es cierto que la comida es especiada, pero también puedes encontrar especialidades aptas para todo tipo de paladares, como el tajín acompañado de cous-cous, que allí preparan de mil formas diferentes y todas riquísimas.

En nuestro caso no tuvimos problemas en comer en la calle, aunque es cierto que empleamos el sentido de la vista y el sentido común antes de sentarnos en un puesto o local. Si viajas con niños solo hay que extremar un poco la precaución. Pero si para ti es un problema comer en un puesto callejero, no te preocupes. Puedes encontrar magníficos restaurantes repartidos por toda la ciudad y al gusto europeo.

En cuanto al alojamiento, te recomiendo dormir en un riad que conserve el encanto local. Nosotros elegimos el Riad Nafis, un oasis art decó dentro de la Medina, en el barrio Mellah.

Este riad tiene una pequeña alberca y una espléndida terraza en la azotea desde donde podíamos escuchar el adhân o la llamada a la oración que cinco veces al día se realiza desde los minaretes de las mezquitas y que a mí me sigue impresionando cada vez que lo escucho, especialmente de noche.

Impresionantes los desayunos y el tajín de carne y dátiles que nos prepararon bajo petición y que pudimos disfrutar en uno de los salones de la casona. ¡Quién dijo que en Marruecos se comía mal!

Si tienes hijos y estás pensando en si Marrakech será un destino seguro para ellos, espero haberte ayudado a tomar la decisión. Marruecos está muy cerca de Europa pero a la vez es muy distinto culturalmente y eso es parte innegable de su encanto. ¡Sin duda merece la pena sumergirse en él y descubrir todas las sensaciones que ofrece al viajero, independientemente de su edad!

¿Y tú? ¿Has ido o tienes pensado ir con tus hijos a algún país musulmán? ¡Cuéntamelo!

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